martes, 8 de octubre de 2019

Miguel Banñuls sustituirá el bronce robado del Dr, Balmis en Sant Joan

Un rostro para el doctor Balmis

El artista Miguel Bañuls realiza un busto en bronce del médico militar alicantino, del que no existe ninguna imagen real, y que podría ser la representación definitiva del personaje

03.10.2019 | 23:30
Un rostro para el doctor Balmis
La escultura sustituirá a la que fue robada en el campus de Sant Joan.
¿Qué cara tenía el doctor Balmis? ¿Cómo era el rostro de uno de los alicantinos más importantes de los últimos tres siglos, el médico que dirigió la primera expedición humanitaria de salud pública, la que llevó la vacuna de la viruela inoculada en una veintena de niños a América y Filipinas? Es un misterio.
No existe ninguna imagen de Francisco Javier Balmis de su época (Alicante, 2 de diciembre de 1753-Madrid, 12 de febrero de 1819) y todas las representaciones, sean dibujos o esculturas, se deben a la imaginación de sus autores muchos años después de su muerte. En 2016 el actor Pedro Casablanc le puso rostro en la película para televisión que produjo RTVE 22 ángeles, que dirigió Miguel Bardem, sobre la gesta del médico militar y cirujano en las primeras décadas del siglo XIX, una elección que se inspira en el busto que el mexicano Antonio Castellanos realizó hace casi dos décadas y que fue donado por la Sociedad Médica Hispano Mexicana y el Colegio de Médicos de Alicante a la Facultad de Medicina de Sant Joan de la UMH.

Réplica y robo


Esa escultura fue más tarde replicada para instalarla en la Plaza Balmis de Alicante, pero se hizo en hormigón. Con el tiempo se deterioró, se rompió y fue restaurada con un discutible resultado. Y la original, la de la facultad de Medicina, desapareció del campus una noche del año pasado.
En los jardines dedicados a alicantinos ilustres en el Palacio de la Diputación un mosaico reproduce el grabado que Elías Corona realizó ya entrado el siglo XX y que muchos siempre han creído un retrato contemporáneo, pero tampoco. Como recordaba recientemente el director de la cátedra de Vacunología de la UA, José Tuells, en la serie dedicada al médico en INFORMACIÓN, el Balmis «apócrifo» de Corona, un autor muy popular por haber ilustrado los Cuentos de Calleja, no resuelve la incógnita de su fisonomía, además de distar mucho de la imagen de un Casablanc o del busto de Castellanos, pues el ilustrador lo representa con nariz ligeramente aguileña, labios pequeños y cejas finas frente al rostro más cotundente de Castellanos. Pero en breve habrá un nuevo Balmis. Por encargo de la Universidad Miguel Hernández de Elche, el artista Miguel Bañuls ultima estos días un busto en bronce que suplirá al sustraído del campus de Sant Joan.
Lo llamativo es que Bañuls, bisnieto de Daniel Bañuls, el autor de la emblemática fuente escultura de la Plaza de los Luceros de Alicante, es un creador moderno, nada figurativo, que además de haber trabajado con metales, está centrado ahora en una obra abstracta sobre plásticos y metacrilato. Y aunque su producción actual se aleja mucho del arte realista, Miguel Bañuls, de sólida formación artística, es un apasionado del modelaje, un arte al que no se ha acercado en ocho años.

Interpretación


«La estructura interna de las cosas no deja de ser una abstracción», afirma el escultor, que ha empleado unos 50 kilos de barro que se sustentan sobre un entramado metálico de hierros para dar forma a su Balmis. Bañuls ha trabajado sobre la representación que él mismo hizo hace nueve años del médico alicantino, una pequeñita figura para obsequiar al ganador del Premio Balmis de Vacunología, y ha descartado la sugerencia de que replicara la obra de Castellanos: «No podía hacer eso, no es ético, yo aporto mi propia interpretación. No me interesa copiar. Si existiera un retrato fidedigno sí, pero no existe».
«Al no haber una cara definida te tienes que basar en las cualidades de una persona capaz de tener los arrestos de cruzarse el mundo con 20 niños y unos marineros. Es una persona con unas convicciones muy potentes y unas cualidades humanas muy grandes. Hay que recordar que además de médico era militar. Todo lo que puedo hacer es imaginar lo que vivió. Para ello coges rasgos de personas que has conocido, buscas una mirada inteligente, un gesto con determinación. Lo más bonito de modelar esta pieza es el intento de imaginar a alguien con fortaleza, inteligencia y humanidad. He ido probando mucho porque es más sencillo retratar a alguien con rostro que ponérselo tú mismo. Es un juego y un diálogo con la pieza y el diálogo es lo más importante. He estado más tiempo dialogando que trabajando, soy un diletante», explica Bañuls, que termina la frase con unas risas. Y matiza: «No he querido tener pretensiones estéticas marcadas, que se identifique con lo que hago. Se trata de ponerle cara al personaje y para ello el artista tiene que desaparecer. Se trata de definir sus rasgos. La tentación es intentar hacer algo más moderno, pero no cabe, me hubiera obligado a prescindir de una concreción».

Rejuvenecido


Bañuls ha dedicado el último mes a modelar la figura y la semana pasada elaboró los moldes para obtener la pieza definitiva en bronce, que luego deberá retocar. Su Balmis «está un pelín rejuvenecido», dice, respecto a la escultura pequeña del Premio de Vacunología. Murió con 60 años y Bañuls lo representa en torno a los 50. «La escultura lleva un proceso detrás que no se ve, es la más manual de las artes y es la menos valorada. Me he divertido haciendo este personaje», apunta este creador, ahora con la misma edad que su Balmis, y a quien no le importaría acometer otro encargo similar: «Me gustaría Antonio Gades (nació en Elda), se lo merece, porque ha aportado mucho, y que se le viera nada más llegar a su ciudad».
Sobre el trabajo oculto de una escultura, Miguel Bañuls tiene un discurso que entronca con la obra de su bisabuelo y que tumba las críticas al material con el que se hizo Luceros, pues asegura que no se deteriora por la calidad del mismo, ya que las pruebas realizadas demuestran que es un hormigón extremadamente duro y fácilmente se puede restaurar. «Luceros es la pieza más significativa que tiene Alicante. Si hay un arte alicantino esta sería la pieza de donde salen todas las ideas y si no somos capaces de respetar esto entonces no seremos tan amantes de Alicante. Mi bisabuelo se dejó la vida por esa pieza que ha inspirado a artistas plásticos y de hogueras. No le daba ningún aprecio a la piel, a la superficie de las piezas, que eran el resultado de trabajar una estructura interna que luego repercute en la piel, el que sabe trabajar eso no depende de la superficie para acertar. El que pretenda ver a Valázquez sin comprender la composición abstracta que hay detrás de Las Meninas no puede entender a Velázquez. Debería haber excursiones para disfrutar de sus detalles y aprender a amarla. Siempre ha sido un orgullo de Alicante y debería seguir así, el arte es atemporal. No puedo imaginar Alicante sin la plaza de los Luceros».
La función de un monumento, la concepción clásica de una escultura, subraya Miguel Bañuls, «es el recordatorio». «Debemos recordar a quien ha hecho algo por los demás. Balmis es conocido en América, China y Filipinas y debería ser más conocido en Alicante. Y personajes como Rafael Altamira y Jorge Juan deberían ser recordados como se merecen en lugares públicos», agrega.
Bañuls, a punto de entregar su trabajo, se reconoce satisfecho del mismo: «Es envidiable poder retratar a personajes de una época y en este caso todo un lujo el personaje. Cuando lo modelaba pensaba si me daría una colleja, creo que al menos me daría un aprobado».

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