jueves, 25 de agosto de 2011

Billete de 100 pesetas de 1925, la falsedad de la silla de Felipe II





La estampa pertenece al cuadro "La silla de Felipe II", es del pintor Luis Álvarez Catalá (Madrid, 1836- Madrid, 4 de octubre de 1901) fue un retratista y pintor español, que se desempeñó como director del Museo Nacional del Prado entre 1898 y 1901.
Nació en una familia asturiana de Monasterio de Hermo (Cangas de Narcea), aldea en la que pasó gran parte de su infancia y temporadas veraniegas. Después de cursar estudios en Oviedo, se trasladó a Madrid donde estudió en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, donde fue discípulo de Federico Madrazo en la Escuela de San Fernando. En 1857, viajó pensionado a Roma con artistas tales como Rosales, Palmaroli y Dióscoro Puebla, y donde se dio a conocer con El sueño de Calpurnia que ganó medalla de mérito en la Exposición de Florencia en 1861. Con la misma obra obtuvo segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de España de 1862. La reina adquirió la obra y su pensión fue prolongada por tres años. Unido a su larga permanencia en Roma (interrumpida por breves retornos a Madrid, como el de 1866-1867) en la capital italiana, donde incluso contrae matrimonio, hasta su regreso definitivo en 1894. En 1867 concurrió a la Exposición Nacional con las obras Doña Isabel la Católica en la Cartuja de Burgos y El Cardenal Penitenciario en San Juan, obteniendo segunda medalla por la primera obra. En 1872 pintó en Roma El embarque del Rey Amadeo en Spezzia. Participó en algunas exposiciones de pintura, donde ganó premios en 1889. En 1890, ya en España y de vuelta en Madrid concurre al certamen Nacional de Bellas Artes, obteniendo primera medalla con La silla de Felipe II en el Escorial, obra que ganó también medalla de oro en Berlín al año siguiente.



Estado actual de la llamada silla de Felipe II, desde donde cuanta el leyenda que el monarca subía para contemplar las obras del Escorial. Felipe II no subió aquí, tenía gota y hubiera sido un clavario llevar en camilla. Esto podía ser un altar vetón. Mantiene Jiménez Guijarro que la silla de Felipe II, considerada por algunos autores como un altar vetón, no es tal, ya que la existencia de dos altares tan próximos es arqueológicamente inverosímil. VER MÁS INFORMACIÓN





Este billetes pertenecientes a la emisión del Banco de España (Madrid) con fecha 1 de julio de 1925.
100 pesetas. Anverso, Felipe II. Reverso. Silla de Felipe II en El Escorial. Impresos en calcografía y tipografía por la casa Bradbury and Wilkinson, de Londres. Marca al agua: Cabeza de Felipe II.
Rey de España y Portugal (Valladolid, 1527 - El Escorial, 1598). Era hijo de Carlos I y de Isabel de Portugal. Durante el reinado de su padre había asumido en varias ocasiones las funciones de gobierno -bajo la tutela de un Consejo de Regencia-, por ausencia del emperador, absorbido por los conflictos de los Países Bajos (1539) y Alemania (1543). En 1554 Carlos I abdicó en él Nápoles y Milán, al tiempo que la boda con María Tudor le convertía en rey consorte de Inglaterra; las abdicaciones del emperador se completaron con la entrega a Felipe de los Países Bajos, Sicilia (1555), Castilla y Aragón (1556). Austria y el Imperio fueron entregados al tío de Felipe, Fernando, quedando separadas las ramas alemana y española de la Casa de Habsburgo.

MONASTERIO DEL ESCORIAL
Conocido también como Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Monasterio de San Lorenzo El Real, o, sencillamente, como El Escorial, fue ideado en la segunda mitad del siglo XVI por el rey Felipe II y su arquitecto Juan Bautista de Toledo, aunque posteriormente intervinieron Juan de Herrera, Juan de Mijares, Gian Battista Castello El Bergamasco y Francisco de Mora. El rey concibió un gran complejo multifuncional, monacal y palaciego que, plasmado por Juan Bautista de Toledo según el paradigma de la Traza Universal, dio origen al estilo herreriano.

Fue considerado, desde finales del siglo XVI, la Octava Maravilla del Mundo, tanto por su tamaño y complejidad funcional como por su enorme valor simbólico. Su arquitectura marcó el paso del plateresco renacentista al clasicismo desornamentado. Obra ingente, de gran monumentalidad, no sólo es un edificio de perfecta traza, sino también un enorme receptáculo de las demás artes.

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