sábado, 30 de junio de 2018

Pozo de agua prehistórico en La Mancha. Debía ser sagrado.

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El espectacular (y poco conocido) yacimiento de la prehistoria que está en La Mancha

La Motilla del Azuer es un yacimiento muy representativo de la Edad del Bronce, dentro de una tipología de asentamiento único en la Prehistoria, las motillas

 

 


Actualizado:La Motilla del Azuer (Daimiel, Ciudad Real) es el mejor representante de una tipología de asentamientos humanos, las motillas, singulares y especiales dentro de la Prehistoria Universal. Reciben esta denominación puesto que su abandono generó unos montículos artificiales que destacaban en la llanura manchega.
Estos yacimientos se encuentran asociados a áreas fluviales, en este caso emplazado en la vega del río Azuer, controlando y explotando un entorno que permitía el acceso a recursos básicos, como el abastecimiento de agua subterránea, tierras potenciales para su aprovechamiento agropecuario, o el control de bienes críticos para estas sociedades.
La ocupación de la Motilla del Azuer se sitúa en el periodo denominado Edad del Bronce, (2200-1300 a.C.) con rasgos particulares definitorios en la Meseta Sur.
Además, constituye el enclave más estudiado de estas características, desde que comenzaron las excavaciones arqueológicas en 1974. Estas investigaciones nos han permitido reconocer un monumento patrimonial excepcional, razón por la cual ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica.

Dos espacios diferenciados

Detalle del recinto interior de La Motilla del Azuer
Detalle del recinto interior de La Motilla del Azuer
En su conjunto se distinguen dos espacios diferenciados funcionalmente. El primero de ellos corresponde con un recinto interior fortificado, integrado por una serie de murallas concéntricas en torno a una torre central que protegían ámbitos donde se gestionaban, controlaban y protegían un conjunto de recursos esenciales, así como actividades de índole productiva, como el almacenamiento de grano, con grandes silos, hornos, o el estabulamiento ocasional de ganado. Entre todos los sectores de este entramado destaca por su complejidad el gran patio trapezoidal que se sitúa al Este de la fortificación. En su interior se ha documentado una estructura hidráulica que abastecería las necesidades de agua del poblado, a través de una construcción ejecutada con sucesivas plataformas y paramentos de mampostería en forma de embudo, hasta alcanzar el nivel freático con una profundidad de más de 20 m. Sus dimensiones y arquitectura la convierten en el punto más espectacular de la Motilla del Azuer.
Al exterior de este núcleo fortificado se emplazó el hábitat, en un radio aproximado de 50 m. Las viviendas presentaron planta oval o rectangular, y estuvieron levantadas con muros de tapial sobre pequeños zócalos de mampostería. En ocasiones contaron con postes de madera embutidos. En esta zona también se documentan grandes áreas abiertas dedicadas a actividades de almacenamiento y trabajos productivos, localizadas en mayor porcentaje en la zona septentrional, en las que se evidencia una significativa concentración de fosas y restos de hogares y hornos. Las exhumaciones arqueológicas han permitido conocer elementos materiales correspondientes a la vida diaria del poblado como cuencos, cazuelas, vasos,…
La distribución de la necrópolis de la Motilla del Azuer coincide mayormente con este espacio exterior, en el que los difuntos se inhumaban en posición lateral flexionada, dentro de fosas simples o revestidas por muretes de mampostería o lajas hincadas, que a veces se adosan a los muros de las casa o a los paramentos exteriores de la fortificación. Los individuos infantiles con cierta frecuenta fueron enterrados en el interior de vasijas.
En suma, los diferentes procesos de análisis y estudios metodológicos emprendidos en la Motilla del Azuer han permitido definir un yacimiento representativo de la Edad del Bronce en La Mancha, en el cual es posible comprobar el desarrollo de una arquitectura monumental y compleja, resultado de unas capacidades técnicas e ideológicas adquiridas por las gentes que habitaron este territorio hace más de 3000 años.
El recinto de la Edad del Bronce, en el corazón de La Mancha
El recinto de la Edad del Bronce, en el corazón de La Mancha
[Para visitar la Motilla del Azuer es necesario reservar una visitada guiada. Más información, aquí]

domingo, 8 de abril de 2018

El “fraude” que intenta tergiversar la historia de Al Andalus

El “fraude” que intenta tergiversar la historia de Al Andalus

La inmensa mayoría de historiadores y arabistas denuncian la corriente que niega la conquista islámica de la península Ibérica

Moneda del año 766, de la colección Tonegawa, con la profesión de fe islámica. En el texto se lee que fue acuñada en Al Andalus.
Moneda del año 766, de la colección Tonegawa, con la profesión de fe islámica. En el texto se lee que fue acuñada en Al Andalus.
Negar que hubo una invasión islámica en la península Ibérica en el año 711 es un “fraude historiográfico”, una “barbaridad” que tergiversa el pasado y que, sin embargo, suma cada vez más adeptos. La reciente publicación de Fuimos árabes (Almuzara, 2018), del islamólogo Emilio González Ferrín, un ensayo en el que refuta la conquista musulmana de España, ha puesto en pie de guerra a la comunidad internacional de historiadores y arabistas especialistas en Al Andalus: “Los restos arqueológicos y literarios demuestran que buena parte de la Península fue conquistada por la intervención de unos contingentes árabes y bereberes que actuaban bajo el Califato Omeya de Damasco”, afirma el historiador y arabista Alejandro García Sanjuán.
El primero en plantear que la llegada del islam a la Península no fue producto de la conquista protagonizada por árabes y bereberes a principios del siglo VIII fue “el falangista Ignacio Olagüe, que trató de demostrar que la raza española no estaba contaminada por los árabes”, explica Eduardo Manzano, profesor de investigación del Instituto de Historia del CSIC. Olagüe plasmaría sus ideas en el libro La revolución islámica de Occidente (1974). Pero aquella hipótesis, “desdeñada” por la comunidad científica, ha recibido en los últimos años un “renovado impulso”, lamenta Manzano, autor, entre otras muchas obras, de Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de Al Andalus (Critica, 2011).
“Empieza a dar la sensación de que existen dos hipótesis: la primera, que defiende la invasión islámica de la península Ibérica, y una segunda, que niega que el origen de Al Andalus esté vinculado a esa conquista”, protesta en una entrevista telefónica García Sanjuán, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva y autor de La conquista islámica de la península Ibérica y la tergiversación del pasado (Marcial Pons Historia, 2013). Sin embargo, el arabista recuerda que “la primera opción está avalada por la evidencia científica de manera que, considerar que existen dos hipótesis sobre el origen de Al Andalus es lo mismo que decir que existe la medicina y la homeopatía o el evolucionismo y el creacionismo”.
Tumbas halladas en Nimes, con el cadáver enterrado según el rito musulmán.
Tumbas halladas en Nimes, con el cadáver enterrado según el rito musulmán.
Que Al Andalus fue una “sociedad árabe e islámica” cuyo origen se encuentra “en la conquista del reino visigodo que ordenó el califato de Damasco” no es “una cuestión de opinión” sino una evidencia científica a la luz de las “pruebas arqueológicas”, sostiene también Eduardo Manzano en conversación telefónica. Mientras que González Ferrín defiende que “pensar que la España árabe dependía del califato de Damasco es un relato bastante reciente del islam fundamentalista”, según afirmó en una entrevista con EL PAÍS, Manzano señala que “los árabes que llegaron a la Península eran musulmanes”, tal y como avalan los restos arqueológicos.
Una de las pruebas que demuestran la vinculación entre la invasión de la Península y el Califato Omeya, según apunta Eduardo Manzano, es El mural de los seis reyes del castillo de Qusayr Amra, en Jordania, construido en el siglo VIII por el príncipe omeya —y futuro califa— Al Walid II. En el fresco, aparecen seis monarcas o líderes que se enfrentaron al islam: cuatro de ellos tienen inscripciones en árabe y griego y los expertos los han identificado como el emperador de Bizancio, el emperador persa Cosroes, el negus de Abisinia (Etiopía) y el rey Rodrigo de España, derrotado en el 711. Las otras dos figuras se atribuyen a un soberano chino y a uno turco o hindú.
Fresco de 'Los seis reyes', en el castillo de Qusayr Amra (Jordania). Entre los seis monarcas figura Rodrigo, el último rey Visigodo.
Fresco de 'Los seis reyes', en el castillo de Qusayr Amra (Jordania). Entre los seis monarcas figura Rodrigo, el último rey Visigodo.
Pero hay muchas más evidencias en las que se basan la comunidad de historiadores y arabistas para atestiguar el origen islámico de Al Andalus, como las monedas, los sellos de plomo, los papiros que confirman que los contingentes árabes y bereberes llegaron a la península Ibérica en barcos o los enterramientos de la época que siguen el rito musulmán —el cadáver recostado sobre el lado derecho y con la cara en dirección a La Meca—, como los hallados en Pamplona o en Nimes (Francia) y cuyo origen norteafricano ha sido corroborado con pruebas de ADN. “En las acuñaciones monetarias que realizan los propios conquistadores aparece el nombre de Mahoma”, recuerdan García Sanjuán.
“El dinar transicional y bilingüe, en latín y árabe, que fue acuñado en Al Andalus en el año 98/716 [el año 98 es del calendario musulmán], según especifica la leyenda en árabe de su orla, reproduce en el área central y en árabe la misión profética de Mahoma: Muhammad rasul Allah, es decir, Muhammad es el enviado de Dios”, detalla María Antonia Martínez Núñez, directora del Departamento de Estudios Árabes de la Universidad de Málaga. Es solo uno de los muchos ejemplos que cita Martínez Núñez, que también alude a los precintos de plomo: “Sin duda alguna, los precintos de plomo hallados en Narbona (Francia), junto a los procedentes de diversas zonas de la península Ibérica, constatan las dos modalidades de la conquista del 711, por las armas y mediante pacto, así como el reparto del botín o la imposición de cargas fiscales a los sometidos. Esto precintos además proporcionan la más arcaica documentación del uso del nombre Al Andalus y un buen número de ellos consignan los nombres de los primeros gobernadores, como Al Hurr, Al Samh, Anbasa ibn Suhaym, Abu l-Jattar”, explica en un correo electrónico.