sábado, 25 de agosto de 2018

Una relación amorosa que terminó feliz gracias a Correos



      Una relación amorosa que terminó feliz gracias a Correos

Por Ramón Fernández "Palmeral"


    Si no hubiera sido por Correos mis padres no se hubieran podido casar, porque donde estaba mi padre José Ramón Fernández, Guardia Civil de segunda clase, destinado en Piedrabuena (Ciudad Real) no había teléfono, ni tampoco mi madre que residía en la aldea de El Acebuchal de Málaga, lo tenían. Estoy hablando de los años 1940 y 1946, cuando mis padres tuvieron una relación amorosa epistolar, que por fin acabó en feliz matrimonio.

   Las historias narrativas son libres de interpretarse y no digamos en una novela, pero cuando hablamos de Correo Postal y Filatelia, lo cuestión es muy diferente porque se trata de ciencias exactas. Hay que documentarlo, datos y portar imágenes. Como mis padres ya fallecieron q.e.p.d. me  voy a permitir recuperar su memoria y con una carta y sobre, que adjunto. Mis padres eran primos y se conocían desde niños en la aldea de sus nacimientos: El Acebuchal.

    Mi padre sirvió forzoso con los Nacionales a principio de 1939 (los Nacionales entraron en Málaga el 9 de febrero de 1937), cuando tenía 18 años de edad fue llamado por  la Caja de Reclutas de Cómpeta (Málaga)  para hacer el servicio militar obligatorio en Infantería. Mi padre fue de la Quinta del Biberón. A mi padre lo destinaron al frente  de Granada en las Alpujarras, y al finalizar la guerra hizo seis años de servicio militar en Madrid en el Ministerio del Ejército que estaba en la calle Barquillo, no lo licenciaron que  porque empezó la II Guerra Mundial. Ingresó en la Academia regional de Guardia Civil de Málaga el 1 de enero de 1945,  y su primer destino fue  la Comandancia de Ciudad Real, una zona peligrosa de maquis y secuestradores.

Desde 1939 a 1946, cuando se casaron mis padres, mantuvieron correspondencia, o sea una  relación amorosa epistolar gracias a Correos. De esta correspondencia solamente se ha salvado una carta de novios en verso, que es la que se muestra a continuación, cuyos primeros párrafos dicen literalmente:

Vida de Prisión

No pudiendo soportal
Esta vida de ilusión
Te escribo con gran fervor
En esta vasta “Siberia”
que no tiene comparación.
___
Donde el aullido del lobo
Viene a conciliar el dolor
Una carta de mi novia
Transpira mi corazón.
___
Las montañas son muy grandes
Los ríos mucho mayor,
Pero lo que nos desespera
No tiene comparación.
¿Mucho se tardan tus castas
La culpa no sé de quién?...
   
                              Firmada en el destacamento de Téjar en julio de 1945



   El sobre que os muestro seguidamente es una reliquia en papel tela, ha perdido el sello, pero tiene el matasellos de Ciudad Real de fecha 1 de agosto de 1945.  Es curioso y muy artístico, tiene un dibujado un avión de hélices bimotor parecido a un SM-82 "Canguru". Como indicando que el remitente (mi padre) deseaba que llegara la carta urgente a su novia Carmen Fernández con domicilio en la aldea de El Acebuchal-Frigiliana (Málaga). Porque como sabemos las cartas no iban en avión, sino por tren (en el furgón especial de Correos). La cartas y tardaban 15 a 20 días entre Ciudad Real y El Acebuchal. Esta aldea pertenecía al término municipal del Cómpeta, pero las cartas las enviaban a Frigiliana porque este pueblo estaba más cerca, a unos 5 kilómetros, mientras Cómpeta estaba a 8 kilómetros por camino de herraduras.
    En Frigiliana había una estafeta de Correos, pero no había cartero rural. Para servir a la gente que vivían en los campos, el panadero ambulante que iba por los cortijos del Mayarín y Frigiliana se pasaba primero por  Correos y recogía las cartas de sus clientes que le compraban pan, y éste, como una atención hacia ellos, les llevaba en el mulo cargado de pan también algunas cartas.





   Mi padre era una persona muy curiosa y documentalista, y como quería dejar su vida escrita, escribió su biografía, seguidamente os muestro un fragmento de su diario correspondiente al año 1946. Donde escribe:

  «…pasé al destacamento de Chiquero a reemplazar a un guardia que le había salido un carbunco, el que tuvo que hospitalizarse en Madrid, y que una vez curado, regresó el 26 de marzo [1946]. De este destacamento pedí permiso para poder contraer matrimonio, regresando nuevamente al Puesto de Piedrabuena, en este intervalo de tiempo, mi compañero Carrasco contrajo matrimonio y al volver fue concentrado en el destacamento de Las Arripas, donde yo me reuní otra vez con él en el mes de abril; de allí salí con 8 días de permiso para contraer matrimonio del 2 al 10 de Julio, que tuvo lugar en Cómpeta el 6 de Julio [1946], con la señorita Carmen Fernández Fernández, de 24 años de edad, nacida en el Acebuchal el día 25 de Julio de 1922…»






  Los tiempos de la comunicación han cambiado como de la noche al día, ello nos ha de satisfacer, no hace falta Correos, sino coger el Smarthone y llamar inmediatamente; con lo que se ha perdido la alegría de encontrar una carta de amor en el buzón, que leerás tres o cuatro veces. Pero este artículo es también un reconocimiento a los funcionarios de Correos y a los carteros de pueblo que anunciaban su proximidad tocando el cornetín de su condición de esperados mensajeros. Y que, antiguamente, gracias a ellos, con una guerra civil de por medio fue posible la comunicación entre familiares y novios, para que estos se pudieran casar. Recuerdo haber recibido algunas cartas perfumadas, olor delicioso que no las tien el Smarthpone.

                                    El peinado de Carmen de 1946 se llama ¡Arriba España!


Alicante, 25 de agosto de 2018 
por Ramón Fernández Palmeral

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