lunes, 5 de abril de 2021

Con su cámara, Cholas Arjones ya había escrito el titular de la noticia

 

Con su cámara, Cholas Arjones ya había escrito el titular de la noticia

Perfecto Arjones (Cholas), fotografiado por su hijo Rafa Arjones.

Cuando un amigo se va, aunque sea ley de vida, se desgarra tu propia biografía. Un gran espacio de nuestro tiempo de plenitud Cholas Arjones lo llenó con su energía, sus proyectos y ese ojo artístico dotado para la fotografía. No podría precisar en qué momento le conocí, pero sí tengo un gran recuerdo de su presencia siempre alegre en la redacción de Quintana 40. El mítico periódico Información de nuestra juventud. Porque allí llegamos todos con la vida por delante, bebiéndonosla a grandes sorbos, convencidos de hacer el mejor periodismo posible.

Entonces las redacciones estaban divididas entre periodistas y fotógrafos; estos contaban con el privilegio de una habitación al fondo del pasillo, siempre oscura, con los puntos rojos indispensables para ver pasar los carretes por aquellas bandejas con líquidos que creaban la magia de hacer visible y nítida la realidad, encriptada en una cámara.

Pero Cholas, Perfecto en el santoral, saltó las barreras establecidas y se mostró tan periodista como los plumillas, porque no hacía falta nada más que cubrir una noticia junto a él para darte cuenta que poco le importaba el encuadre, la luz o la perfección; con su cámara escribía el titular, daba en el clavo de la entradilla. Cholas sabía qué era un hecho noticioso y cómo con un clic convertirlo en tema de portada. Con un gesto de esos hermosos ojos azules, que encandilaban a las becarias, te indicaba a quien tenías que preguntar o en qué fijarte. El ya había visto a través del visor donde estaba lo importante.

Para los que nos incorporamos a Información al final de los años setenta Cholas ya era un mito. Los periodistas mayores se rifaban viajar con él, porque era buen conversador y hombre relajado, con ese aire atlántico de su Vigo natal. Pero sin duda él tenía su compañera preferida, nada menos que Pirula Arderius, un terremoto en todos los sentidos, periodista de raza como él. Son incontables las aventuras que ambos vivieron, los personajes que entrevistaron y la relación de hermandad que mantuvieron. Hace dos años ambos recibieron el premio de Cruz Roja como periodistas comprometidos y ya entonces Cholas peinaba canas y se encargaba de hacer una memoria gráfica de Alicante que es un legado impagable como documento histórico para nuevas generaciones.

Siempre se mostró cariñoso y acogedor con los nuevos. Cuando Mario y yo nos incorporamos a la plantilla en 1974, dos pipiolos, Cholas nos fue llevando de la mano por instituciones y puntos de referencia de la ciudad y la provincia. También trabajamos con su hermano Manel, otra gran persona, y siempre coincidíamos con su encantadora mujer, Pilar, y poco después con sus hijos, aquellos niños que destacaron también en el fotoperiodismo y son periodistas de raza como su padre.

Cholas amaba la calle, echarse la cámara al hombro y patear la ciudad o visitar los pueblos. Después de 30 años en Información pasó a la retaguardia, como muchos de nosotros, pero su inteligencia emocional le permitió adaptarse a un nuevo trabajo más ministerial, porque supo transformar una vida sedentaria en un proyecto ambicioso que hasta estos últimos días le ha mantenido vivo y feliz. Cholas, allá donde estés, nos encontraremos y saluda a todos los que ya se han ido.

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