martes, 27 de septiembre de 2011

La imprenta pasó de España a América




La primera imprenta se establece en el Nuevo Mundo en México en 1539.
La segunda en Lima (Perú) en 1584.
La prioridad no era imprimir libros, sino cartas para jugar, así como estampas y libros religiosos para adoctrinar a los indígenas en la fe católica.

....................Imprenta en México............
Problemas gravísimos ofrece el estudio de los orígenes de la Imprenta en la capital del virreinato de México, algunos de ellos irresolubles hasta ahora, más que todo, por la falta de documentación de que en los países de la América Española adolece la historia de tan importante factor del progreso humano. Pero si esa falta es de lamentar por lo general, asume aún proporciones que suben de punto cuando se trata de Nueva España, donde casi todos los tipógrafos que allí ejercieron su arte durante el siglo XVI fueron extranjeros, cuyo interés estaba, por su misma calidad de tales, en acallar las suspicacias de los altos funcionarios coloniales, y con más razón las de la corte.
No está claro cual fue el primer libro eimpreso en Virreinato de México
La Santa Doctrina Cristiana atribuida al mismo fray Juan Ramírez. Todo induce a creer que este libro nunca llegó a ver la luz pública. Examen de los documentos que existen para pensar que la Doctrina Cristiana en lengua de indios de Mechoacán mandada imprimir a Sevilla por el obispo don Vasco de Quiroga en 1538 no salió a luz, al menos por entonces

.................Imprenta en Lima...........
# 1581: Antonio Ricardo introduce de manera clandestina una imprenta en el Virreinato del Perú donde comienza a imprimir naipes, grabados y estampas religiosas bajo la protección de los jesuitas establecidos en la ciudad de Lima.
# 1583: Es autorizada la imprenta de Antonio Ricardo en el Virreinato del Perú por orden del Rey de España Felipe II.
# 1584: Catecismo para instrucción de los indios, y de las demas personas que han de ser enseñadas en nuestra Sancta Fe es el primer libro impreso en Perú y Suramérica por Antonio Ricardo.

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